jueves, 23 de abril de 2009

EL SEGUNDO CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA: LA LAGUNA


Sigue la senda del bosque, todo el camino a lo largo…Recorriéndolo los árboles se hacen más frondosos y mayores en número según vas avanzando. Te darás cuenta de que la luz tiene cada vez más dificultades para penetrar entre las copas. Poco a poco esos rayos, que se cuelan entre las hojas, toman el aspecto de lanzas que se clavan en el musgoso terreno…Si pese a esto, aún te atreves a seguir llegarás a la zona donde el sendero se corta abruptamente y la oscuridad es tan negra como la boca de un lobo.

Allí la humedad es grande, y la temperatura se mantiene…como en uninvernadero… hermético. El suelo está
alfombrado por hojas que desprenden un olor dulzón en su descomposición, y las rocas están salpicadas de verdes grisáceos y amarillos…de líquenes adheridos a su superficie. Las mismas rocas que parecen rezumar agua de unos poros inexistentes y que rodean a un anillo acuoso que casi parece un manglar. Enfrente una cueva parece emerger espontáneamente. Y allí habita. Vive allí desde los tiempos inmemoriales. En un principio acompañado hasta que llegó otro dios que lo maldijo e injurió. Desde esa grieta en la tierra sale por las noches hacia la laguna donde, a duras penas, se refleja su cuerpo casi animal…su aspecto semihumano; y en sus aguas mira su “corona”…Dos astas que se alzan hacia el infinito, poderosas y orgullosas; al fin y al cabo esa “corona” le señala como señor de los bosques.

Pero no mires su reflejo en el agua cuando él se contemple.

No, no lo mires, porque si lo haces, su soledad de rey te herirá de muerte, y la oscuridad que le rodea penetrará dentro de ti sin que puedas deshacerte de ella, como en aquel tiempo lo hizo en el alma de la ninfa blanca que habitaba en la laguna.

Su nombre era Limnade, y al nacer, su padre, le impuso un destino contra el que no pudo luchar, permacer en aquella laguna en soledad velando por ella y por lo seres que la habitaban. Aunque la finalidad real de aquel Dios, era tentar al diablo que permanecía oculto en su grieta, y por eso ni siquiera quiso conocer a su hija, pues antes de nacer, ya sabía que la sacrificaría.

Sin duda fue la más hermosa e inocente de las ninfas pues en la oscuridad en la que prácticamente vivía, cuando hacía sonar su flauta, con aquella melodía dulce y triste, aprendida con los sonidos del bosque, atraía hacía ella la luz del cielo estrellado y, por supuesto de la luna. Y esa luz iluminaba sus ojos oscuros tan oscuros como el agua nocturna, haciéndola parecer un lago en ella misma.

Y cuando acababa su música, se recostaba en el hueco de un árbol, cubierto de hojas, para entregarse a sus sueños, donde dejaba de ser ninfa y el bosque dormía con ella. Era en ese lugar donde percibía un aroma único que la liberaba, que se impregnaba en ella y la hacía soñar, y así se entregaba a sus sueños.




Así vivían los dos, en la misma oscuridad pero en ninguna ocasión se habían llegado a ver. A la profundidad de la guarida del desterrado llegaban ecos lejanos de armonías. Escuchaba y, como hipnotizado por tan exquisitos sones, los seguía hacia el exterior. En un entorno de constantes tinieblas, el llegar al umbral de la gruta y ver pequeños centelleos
de luces blancas hacía que la prudencia se apoderara de su espíritu, con lo cual,nunca terminaba de encontrar su origen.

En sus pensamientos barajaba la posibilidad de que las melodías emergieran del fondo del lago. Era esta la razón por la
que noche tras noche, cuando el silencio volvía a inundarlo todo, saliera de las entrañas del terreno a buscar en el fondo de la laguna la respuesta a su incógnita. Y noche tras noche tan solo veía el casi imperceptible reflejo de su azabache mirada. Desconsolado se sentaba en la orilla, recostando su espalda en el tronco de un árbol...Un árbol hueco,cubierto de hojas donde la paz le inundaba y encontraba sosiego.

Pero llegó un día en el que, esa cautela que sentía al ver los titileos de luz, fue vencida por una atracción más fuerte si cabe que las experimentadas hasta ese instante. Se asomó un poco más que de costumbre, agazapado tras una roca desde la que vio como las diminutas estrellas bailaban y rodeaban una esbelta silueta apostada ribera. La figura iba cubierta con una leve gasa que dejaba entrever sus formas y que, con cada ligero movimiento que efectuaba, el tejido oscilaba con mesura como acunado por ligeras corrientes de agua. Cesaron los acordes y con ellos la luz. La ninfa se dirigió a la oquedad del árbol y el Señor del bosque se sorprendió al apreciar que ese era el mismo árbol en el que él reposaba su cuerpo y sus pensamientos.

Cuando vió a Limnade recostar su cuerpo semidesnudo sobre aquel lecho cubierto de hojas verdes que intentaban arroparla, no pudo evitar desear ser la tierra para sentir su piel brillante y suave entre los recovecos del verdor.

Sorprendido, pensando en las veces que él había estado en ese hueco donde ahora reposaba ella, un instinto que ya no recordaba se empezo a remover dentro de él, mientras ella se acurrucaba casi dormida.
No podía apartar su mirada de aquella escena y empezó a sentir una agustia en su estómago, un hambre desconocida, un deseo que despertaba inagotable, el del hombre y el de la bestia que habitaba en el señor de los bosques, en él.

Aunque trato de contenerse, viéndola respirar suavemente, no pudo, y el intento de reprimirse se convirtió en furia que iba despertándose a cada paso que le conducía a ella, llenando el aire con una respiración profunda y gutural que despertó a limnade, asustándola, pues nunca antes había escuchado algo parecido en la laguna.

Sólo cuando lo tuvo delante, con sus ojos todavía cerrados, pudo vislumbrar, como un ser desconocido se avalanzaba sobre ella, apresándola con sus brazos, con sus garras, sintiendo como la humedad de sus fauces y su respiración iba recorriendola el cuello hasta llegar a su boca.

Fue en el momento en que la bestia quiso arrebatarle su aliento, cuando limnade consiguió respirar, y en la inhalación todo le recordó a sus sueños. Era ese aroma, era su casa, su familia.

Mientras él la besaba y la recorría con sus manos, abrió sus ojos completamente, clavándolos en los de él. En ese instante la bestia frenó su impulso para contemplar aquellos ojos de cerca, perdiéndose en la oscuridad y al mismo tiempo sintiéndose completo por fin.
Los dos se unieron en el destino fijado para Limnade, y en esa locura de mirada la bestia pudo sentir como las manos de la ninfa comenzaban a acariciarle, y como el miedo de ella iba desapareciendo, y se entregó de nuevo a un beso en el que era ella la que quería absorberle la vida.

Hevay "El que todo lo ve" observó la escena desde lo alto de la montaña y la cólera se apoderó de él al al ver a su hija y al "demonio" juntos. Paró el tiempo y el entorno quedó petrificado. La brisa dejo de moverse, las hojas de los árboles se quedaron quietas, las pequeñas ondas del agua, las extrañas aves, los insectos, los batracios y los mamíferos que habitaban el lugar...Todos se sumieron en una quietud como si hubieran sido congelados.

Mas fue demasiado tarde ya. Cuando se dieron ese primer beso, la Dama de los elementales y el ser subterráneo se habían desvinculado de cualquier poder ejercido por el tirano dios. Y tras esa pausa la tierra tembló, como se agitaron sus cuerpos con ese abrazo, justo cuando la negra mirada de él se clavó en los oscuros ojos de ella. El bosque se llenó de suspiros al enredarse sus cuerpos. El agua empapó la tierra fértil plagando la orilla de nocturnas flores que brotaron espontáneamente, mientras las ramas más altas de los más crecidos árboles se entreabrieron, dejando pasar la tenue y aterciopelada luminosidad de una luna llena acompañada de su sé
quito de estrellas....

Lo que durante un tiempo eterno había sido oscuridad se inundo de una blanca claridad. Los lobos aullaron en señal de pleitesía hacia su Rey...que volvió a ocupar su trono, esta vez junto a la Reina...Allí, donde las ramas de los grandes pinos se enmarañaban para atrapar a incautos viajeros, ahora se extiende el feudo de los amantes.

Escrito por: Calavera y diablito y Cuentos de la Luna Oscura

8 comentarios:

H2O dijo...

Uf, precioso, me ha encantado ...
Según iba leyendo iba transportándome a ese lugar en el bosque, muchas gracias a ambos por este viaje y besos :)

ana dijo...

Joder niñoooo

¿Sabes que la escritora esa ha publicado un cuento igual que el tuyo? ja ja ja ja ja ja ja.

Joder como me gusta trabajar contigo en esto de los cuentos, haces que sea facil y divertido.

Te felicito niño ha sido un buen trabajo.

Un besitoooooooo, y hay que empezar a pensar en el tercero.

Yaiza dijo...

Hola!! Menudo cuento mas bien logrado, te felicito, de veras muy bonito.
A esa loca que te ha plagiado no la digo nada, jajaja.
Un besote, y que no os canseis de regalarnos estas historias tan bonitas.

Un besito.

Silvia dijo...

Os ha quedado como siempre, espectacular....

Pensad, pensad mucho... que queremos tercera parte.

Besicos.

Alex dijo...

Muy muy bonito, apruebo la moción de la trilogía!

Anónimo dijo...

Precioso!!!!

Os vais superando.

Muxus

Naia

Toño dijo...

No me queda más remedio que daros la enhorabuena a los dos por regalarnos este maravilloso relato.

Estoy ya impaciente por leer el siguiente.

Un abrazo.

CG: "Calavera y diablito" dijo...

Muchas gracias a todos!!!!...La verdad es que es un trabajo muy divertido, y eso es lo que importa... Si aparte de todo os gusta...PUES FENOMENAL!!!

Yaiza y Toño, BIENVENIDOS. Espero veros de vez en cuando...

Besets para Agüita, Besitos para ALO, Besicos para Silvirena, Bicos para Alex y Muxutxuak para Naia