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jueves, 24 de septiembre de 2009

ApoCaLIPsiS V


EL NACIMIENTO DEL DRAGÓN:

La tierra habitada y plena de vitalidad, las aguas corrieron manteniendo y propiciando la vida dentro y fuera de ella, y los cielos fueron surcados en todas sus latitudes. Y aunque ellos velaran el transcurrir del tiempo de Araziel y Lauviah, quisieron entregarles otra ofrenda más. Un obsequio para ellos, para sus hijos y para los hijos de sus hijos.

Al igual que hicieron con su carne, cogieron un pedazo de sus corazones amasándolo y dándole forma hasta que se convirtió en una esfera perfecta. Sosteniéndolo ambos entre sus manos comenzaron a cantar. Este canto hizo que el interior del gran monte de Piept comenzara a agitarse con las vibraciones producidas hasta que su parte más profunda se derrumbó originándose lo que dieron en llamar Inima.

Cuando las paredes cayeron formando esa gran cúpula, cambiaron el tono de sus voces y las rocas desprendidas fueron virando su coloración y licuándose hasta tomar el rojo tono de la incandescencia y corrieron en forma líquida por dentro de la montaña formando lenguas a las que, en conjunto, nominaron Sange.

El contraste de los vapores del río con el aire que se acumulaba en el rocoso techo proveniente del exterior hizo que se originara una peculiar atmósfera que circulaba por toda la cúpula. Salía y entraba de la gruta. A este variable viento le otorgaron el apelativo de Oftatul.

Y colocaron ambos el huevo en el centro de la pétrea sala. Pasiune lo acarició brotando de él inmediatamente unas llamas que lo envolvían mas no le consumían. Acto seguido Viata sopló sobre el embrión, comenzando a resquebrajarse...

Y así fue que, aunque su espíritu hacía ya remotos tiempos que residía en el confín del mundo, nació Dragoste. Y el gran dragón habitó en el Inima, creciendo en sabiduría y poder al servicio de Araziel y Lauviah...y de sus hijos... y de los hijos de sus hijos...



sábado, 5 de septiembre de 2009

INIMA, LA MORADA DEL DRAGON


Hace muchos años, en una época olvidada en el germen de los tiempos, en el centro de una geografía indefinida, vivía un viejo y sabio dragón. Dragoste, pues así se llamaba este ser de fuego, tenía su morada en el Inima, justo en el centro de la montaña de Piept. Por el interior del Inima corrían los cálidos torrentes de Sange, los cuales comenzaban y terminaban en este emplazamiento como un perímetro eterno. También se encontraba en este lugar el origen de Oftatul, que era la brisa que llevaba y traía noticias al gran dragón... La tradición rezaba que el caballero debía adentrarse en lo más profundo de Inima. Las paredes de este lugar eran duras y el tiempo las había ido erosionando. Mas a pesar de su aspecto tosco era el hogar idóneo para Dragoste "El Ardiente".

La razón por la que el hidalgo había de penetrar en dicho lugar era la de someterse al juicio del morador de estos lares. Sin duda resultaba sobrecogedor simplemente el encontrarse en su presencia podía provocar una cierta aprensión.

Al encontrarse ante la figura del gigantesco reptil de rojas escamas y ojos tiernos, la persona en cuestión debía de pasar la prueba de pureza y valor. Y el reptil interpelaba con voz atronadora pero cálida y acogedora. Tan sonora podía llegar a ser la verbalización del enjuiciador que sus ecos retumbaban en toda la montaña de Piept y por momentos pareciera que sus paredes fueran a caer abajo... Y el caballero se alojaba en la reflexión...
Tras los instantes precisos para meditar las respuestas y ejecutarlas, no hacían falta sentencias. Sange bullía con fuerza por todas las galerías, túneles y arcadas, y Oftatul se transformaba de brisa en fuerte viento... tan fuerte que casi cortaba la respiración. En ese mismo momento en el rostro del ígneo ser se dibujaba una sonrisa bajo sus brillantes ojos. Entre sus garras sostenía el don que se otorgaba al que pasaba la prueba victorioso. Y ese regalo era un minúsculo frasco del más liviano vidrio que contenía la esencia de Sufletul...