
Erasé una vez, hace muchos muchos años una hermosa princesa. Sin duda alguna era el ser más hermoso que jamás hubiera pisado la tierra. Tan grande era su belleza que tan solo era comparable a su gran necedad. Y era por ello que, pese a lo agradable de su contemplación, todo el reino evitaba el trato con ella por la monstruosidad de su interior. Paseándose una tarde por los jardines del castillo oyó unos lamentos provenientes de debajo de unos setos. La princesa se extrañó ya que tan solo oía una voz pero ningún ser que la emitiese. Se acercó e investigó. Fue de esta manera que, apartando hojas y ramas, encontrose con un ser diminuto enredado en un pequeño zarzal que había tras el arbusto.
-¿Ayudadme princesa! ¿He quedado preso de estas espinas y no soy capaz de deshacerme de ellas!
-¡Ser repulsivo, enano y contrahecho!¿Porque debería yo hacerte tal favor?. ¡Por mi puedes quedarte ahí hasta el fin de los días!
-¡Oh princesa! De todos es sabido que quien se encuentra casualmente con un ser elemental, y le concede su ayuda, será correspondido con creces concediéndole tres deseos…
-¡Esta bien! ¡Te ayudaré!. Pero no creas que escaparás sin haber cumplido con lo que te pida
Dicho y hecho. La princesa le liberó no sin aferrarle fuertemente por la chaqueta para que no intentara escapar.
-Gracias princesa. Ahora decidme, ¿Cuáles son vuestros deseos?
-¡Mísera criatura!. En primer lugar deseo ser aun más bella. Bella como una estatua griega. Que nadie pueda pasar a mi lado sin quedar hipnotizado por mi gracia. Esto me llevaría al segundo deseo; ser siempre el centro de las miradas, centro de cuidados y atenciones. En tercer lugar oro…¡Más oro! ¡Que jamás me falte!...
-Vuestros deseos os serán concedidos hermosa dama. En vuestros pecados llevaréis la penitencia…
A la mañana siguiente, desde que el sol apareció por el horizonte, los villanos que vivían al cobijo de la muralla no tuvieron otro tema de conversación. ¿Cómo, de la noche a la mañana, había aparecido en el centro de la plaza una hermosa estatua, tan brillante como el sol?. Y sobre todo, lo que más extrañaba a esas gentes…¿Qué líquido era el que manaba de aquella mirada fija en el infinito?...


