
Guardo esencias en frascos del alma
y con los ojos cerrados las abro y huelo,
aspirando sus perfumes y el consuelo
de un corazón que busca así la calma.
Tengo tarros con ungüentos de esencia
que aplico despacio por toda mi geografía.
Lo unto, lo extiendo y lo froto en tu carestía,
para que con el aire viaje a tu presencia.
Los tengo guardados y sellados con besos
en un pequeño armario alojado en mi pecho,
los saco en ocasiones para recorrer el trecho
cuando me separo de ti, y me siento preso.
Y con estos elaborados untos acudo a tu lecho
colocándome en su esquina y velando tu sueño,
y en amarte dormida pongo todo mi empeño,
cubriendo tu espalda con mi ardiente pecho.
Y con los primeros rayos, llegando el amanecer,
cuando la luz barniza con sus tonos la mañana,
cuando saluda el sol asomándose a tu ventana,
te beso, te acaricio y parto, retornando a mi ser.


