
Hoy voy a hacer una confesión...Mi primer contacto con este mundo fue en un teatro...Un teatro llamado "Quod me nutrit, me destruit". Hay quien ya tiene referencia de su existencia, ¡Incluso quién presenció alguna de sus obras!.
Erik Leroux, hijo de Gastón, se encontraba gustoso de encontrarse a cargo de la sala. Bueno, realmente lo llevábamos a medias, pero yo permanecía en la sombra, así lo decidí. ¡Es gracioso!... el fantasma enmascarado era el que daba la cara mientras yo plasmaba mis relatos oculto en el anonimato.
En un principio el proyecto era emocionante, pequeñas obras oscuras, con un toque gótico, relatos de "miedo", algún que otro poema... Para mi era un reto el intentar plasmar sentimientos y ocurrencias emulando (modestamente, desde luego) a mis escritores favoritos...
Sin embargo, con el tiempo, comencé a sentirme absorvido por Erik. El demandaba un tipo de historias y yo sentía la necesidad de mostrar también otras. ¡No es que no me gustara lo que se exponía al público, no!, pero necesitaba algo más...
Erik...¡Ay, Erik!... Siempre serio, triste, meditabundo, correcto, distante...¡Pobre Erik!. Apareciste un día solo, inerte, muerto. A tu lado una simple carta manuscrita a modo de testamento. Todo apuntó a que se quitó él mismo la vida, eso era lo que explicaba esa nota. Y simplemente desapareció, como ese pequeño teatro que fue inmediátamente clausurado.
Hoy confieso. Lo que pareció un suicidio, realmente fue un homicidio... Si, hoy confieso... YO maté a Erik Leroux...
Miércoles, 21/01/2009
A LA ATENCIÓN DEL SEÑOR JUEZ:

A la atención del Sr. Juez:
No se si llegarán estas letras a alguien. En cualquier caso, sea este mi testamento; mi última voluntad. Últimamente me encuentro cansado, hastiado y con una melancolía que apenas me permite la posibilidad de separar mi cuerpo del viejo respaldo de este sillón. Pasan las horas. Conocedor del fluir de los días por los sonidos o silencios absolutos que, cíclicamente, se desarrollan en las tablas del escenario y en el foso de los músicos. Orquesta, barítonos, sopranos, aplausos, pasos, bullicio...silencio. Sonidos de los ensayos y actuaciones que se realizan arriba, en el teatro, como si se tratara del melancólico eco de un fonógrafo, retumbando por las laberínticas galerías de mis subterráneos. Y lo que en un momento fue alegría, ahora es amargura porque me testimonia los torrentes de vida que corren en la superficie y , en contraste, la soledad y decadencia que se ha enquistado en mi morada.
Lo cierto es que no tengo a quien legar, y aunque tuviera tampoco podría recibir mucho de estas manos vacías. Únicamente unos textos. Unos relatos sin destinatario que realicé por matar las horas y por placer propio. Pero las caprichosas musas volaron hacia otras latitudes y en estos momentos mi alma no es tan fértil como antaño. Cuando me encuentren...si en algún momento me encuentran mi cuerpo y mi refugio, hagan lo que consideren con ellos...o con lo que la humedad, el moho, las ratas e insectos tengan a bien mantener intacto.
Ahora me dispongo a recibirla en mis labios. Belladona me obsequiará con su cálido beso y su frío abrazo. Dormiré, con su arrullo y al cobijo de su regazo, el sueño eterno. Quizás, algún día, mi espectro vuelva a pasear por estos sótanos haciendo honor al nombre que el pópulo quiso darme. Quizás, algún día, vuelva el fantasma a recorrer la ópera. Pero esto tan solo lo saben los hados...
Firmado:
Erik Leroux

In memoriam... Requiescat in Pace


