jueves, 27 de agosto de 2009

EL DÉCIMO CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA: UNA NOCHE DE MAGIA

CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA


Fue una noche de magia, y hasta las hojas de aquel sauce lo susurraron, haciendo callar el rumor del pequeño riachuelo, y de la brisa chillona y ordenando a la hierba húmeda, en su calidez del verano, que preparará el sendero iluminado por aquellas estrellas cómplices, que no querían perderse aquel momento.

En el susurro, todo el bosque engalanado para el gran acontecimiento escuchó "Despierta hada de los sueños, que hoy es tu noche de vida, y no tendrás que dormir más".

Acurrucada en su lecho y bajo el hechizo de aquellas palabras despertó aquel hada blanca bajo el dosel, que aquel sauce había tejido durante años, y sus párpados brillantes poco a poco se fueron abriendo a los destellos que se filtraban a través de las hojas. Y en el primer aliento de vida, una sonrisa que endulzó aquella noche con el néctar que su boca exhalaba.

Poco a poco fue incorporándose, tomando conciencia de su cuerpo dormido durante la eternidad, hasta que consiguió dar sus primeros pasos sintiéndolo todo a su alrededor, en el tintineo de su cuerpo casi de cristal. En aquella música, el sauce separo sus ramas, entregándole su reino. Y acariciando texturas en el aire, asustada por sentir, salió fuera encontrándose en el centro del bosque, el gran recibimiento.



Al emerger de entre las cortinillas que formaban las lacrimosas hojas del sauce, unos brazos se extendían en bienvenida. Si el espíritu del bosque le había despertado de su letargo en un primer momento, en ese instante tomo las manos de la ninfa y, soplándola en el rostro, le concedió la dádiva de del sentir plenamente. Si hasta entonces lo que iba descubriendo era un paraíso, en ese mismo instante su derredor se transformó en un éxtasis de percepciones para sus sentidos. Acompañado de la mano del ente de la frondosidad, olió las flores, hojas, musgos, brisa y los arroyos que susurraban su nombre entre risillas traviesas “Lébana…Lébana…Lébana”. La floresta la reverenciaba mientras los animales iban y venían con curiosidad. Y Lébana cerró los ojos para sentir el roce de las yemas de su anfitrión mientras le mostraba los más recónditos rincones del reino del sauce.

Sintiendo la tierra bajo sus pies, toda su piel percibió la vida, y los latidos de todos aquellos corazones que la rodeaban, y el suyo latió con todos. Quiso caminar sola y acariciarlo todo, y aquel espíritu le soltó la mano, aunque continuo caminando a su lado.

Y en cada caricia, un sueño de magia para toda la vida, que casi se sintió celosa de tanta belleza y dulzura. Pero hasta ella esa noche soñó a través de aquella hada y recordó el tiempo en que todo era así, vida y magia unidas por siempre. Y decidió proteger aquel lugar.

Cerca del riachuelo, en un pequeño claro, Lébana vio el reflejo del cielo estrellado, y cuando miró hacia arriba sus ojos se llenaron del brillo de las estrellas, y quiso acariciarlo.

En aquella noche de magia, hasta el cielo rindió homenaje acercándose a la tierra para que Lébana pudiera acariciar las estrellas. Y al hacerlo, sus ojos comenzaron a derramar lágrimas. Y el espíritu del bosque se estremeció al ver su sentimiento y como extendía de su nuevo su mano para que él la volviera a tomar.

Pero en el reino de Morfeo cualquier cosa se puede hacer realidad y es por ello que Lébana, el hada de los sueños, estaba agraciada con el don de la creación. Tal vez no había despertado, si no que habitaba en ese mismo paraíso del ensueño. Todas y cada una de las cosas que había visto, pensado, deseado y sentido se habían ido apareciendo a medida que ella misma las había dado sentido. Toda su piel percibía la vida de su alrededor porque a cada paso que daba surgía un latido. Por ello este mundo onírico no la veía o sentía como un simple hada, si no como la deidad hacedora de todas las maravillas desde el mismísimo momento en que se encontraba en un estado de duerme-vela....

En cada tintineo de su cuerpo casi de cristal surgió una flor o un árbol. De cada paso una porción más de terreno firme. De cada sonrisa un nuevo habitante en esta utopía...Rocas, plantas, animales, ríos, mares, vientos, luces, sombras...Porque con un primer bostezo hasta las hojas de aquel sauce susurraron, haciendo callar el rumor del pequeño riachuelo, y de la brisa chillona y ordenando a la hierba húmeda , en su calidez del verano, que preparará el sendero iluminado por aquellas estrellas cómplices, que no querían perderse aquel momento en una noche de magia... Y en el primer aliento de vida, una sonrisa que endulzó aquella noche con el néctar que su boca exhalaba, creó al espíritu del bosque.


2 comentarios:

ana dijo...

Un cuento que hemos tardado casi un verano en escribir.

JODER, YA ERA HORAAAAAAAA, ja ja ja ja ja ja ja ja ja.

Como siempre mi diablo no me canso de decir lo mucho que me gusta escribir contigo, porque haces que sea muy fácil.

Y el próximo ¿quién lo empieza? ja ja ja ja ja ja ja.

Un besooooooooooooooo.

Silvia dijo...

Me alegro de la vuelta con magia incluida, besicos a los dos.