domingo, 5 de julio de 2009

EL NOVENO CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA: EL BAILE DE MÁSCARAS

CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA


Nada más entrar por la puerta la vista casi se perdía en el infinito. Los ojos no se podían apartar de la invisible línea que marcaba la inmensa nave central del gran salón. A los lados otras dos naves, separadas de la principal por gruesos pilares que habían sido engalanados con las más bellas guirnaldas de flores y yedras, al igual que los balcones que soportaban. Tres eran las gigantescas lámparas que, encadenadas del techo, iluminaban con la luz de su innumerables velas la estancia. En paredes y esquinas cien candelabros colaboraban a dar una pátina dorada con su fulgor.

El suelo de mármol tenía un tono "crema marfil" y se le habían incrustado dibujos con "travertino oro" y "negro marquina"; aunque este detalle apenas se podía apreciar en la zona central debido a la proliferación de asistentes.


La fiesta estaba animada por músicos, malabaristas, bufones, magos, saltimbanquis, tragafuegos...todos vestidos con ricos ropajes, haciendo las delicias de todos y cada uno de los engalanados invitados a la vez que los trapecistas sobrevolaban sus cabezas en los columpios eslabonados al elevado techo. Entre los miradores, gruesos alambres encumbraban a los funambulistas.

Poco a poco iban llegando los convidados. Entraban a la sala y descendían por la gran escalinata para unirse a la marea de risas, brindis, viandas y danzas. Danzas en las que los enmascarados giraban cual peonzas casi sin posar los pies en el piso.

La única condición para ese baile: que el antifaz no cayera, hasta que el rey astro hiciera presencia en la sala.

Bajo esa condición, y siendo más ella que nunca, a pesar de no estar invitada, arranco parte de su piel para hacerse el antifaz perfecto, y en el hueco de la herida, envolverse en un cuerpo de mujer, que la noche permitió, haciendo cumplir de nuevo su deseo.

Así, apareció la dama, al pie de esa escalinata, con un vestido negro bordado de estrellas que enmarcaba su figura y resaltaba su piel blanca y brillante; y en contraste con el antifaz del color de la plata, el regalo de la noche, la melena más oscura, cuyos rizos acariciaban el aire que envolvía la sala.

El momento y su fragancia de suavidad nocturna, la convirtió en la mujer más hermosa y misteriosa de ese baile, y el silencio de todos, mientras ella descendía los peldaños con la elegancia de toda una vida, lo confirmó.

Un ademán de su cabeza, en señal de saludo cortés, y los músicos siguieron tocando. Esa noche bailaría.

Se fue moviendo por toda la sala y a su paso unos callaban, otros murmuraban y otros simplemente se quedaban petrificados ante la magnética presencia de la singular dama.

En un lateral se comenzaba a hacer un pequeño corro. Aunque el elenco de actores contratados era realmente magistral la gente empezó a fijarse en uno en particular. Había un personaje vestido con terciopelos y tules todos completamente tintados en gamas de rojo, desde el anaranjado hasta el sangre. Su rostro, al igual que invitados y el resto de actores, cubierto por una máscara tallada en negra madera y con unas grandes astas de macho cabrio incrustadas. Entre sus manos giraba de manera vertiginosa unas boleadoras con las esferas encendidas. Acto seguido dejó este malabar. Quedó quieto y mostró una manos y muñecas por anverso y reverso. Una vez constatado que estaban vacías, dio una palmada y empezó a frotarlas hasta tal extremo que de ellas comenzó a salir una luz. Junto las palmas, las ahuecó para soplar fuertemente sobre las chispas que salían de ellas produciendo una llamarada solamente comparable con el aliento de un dragón...Rompieron en aplausos, incrédulos ante el espectáculo. Y el demonio, que esa noche había subido de los avernos disfrazado de comediante, ejecutó una reverencia mientras miraba de reojo a una hermosa cortesana engalanada de noche y luceros.

En su osadía, con una sonrisa descarada se encamino hacia ella, sintiendo como a cada paso la dama, con frialdad fingida, mostraba su orgullo, alzando su cuello en señal de indiferencia; y al sentirla, más se encendió el caballero, aunque hubiera muerto en el cielo por acariciar ese cuello.

A tan sólo un paso, la jugada maestra y al estirar su mano, y sentir su desconcierto y la intriga que él despertaba en ella, en el juego de no ser descubierto y en un cruce de miradas, se la ofreció a otra dama sin que sus ojos ávidos se apartaran de ella.

En su baile, el descaro de no dejar de mirarla, y, sintiéndolo ella, sintió también un pequeño deseo de venganza. Así comenzó su juego prestándose a a dar la réplica al caballero. En ésta, la dama agito sus rizos mostrando sus hombros desnudos, y sonriendo a un joven comenzó la tertulia del cortejo.

Mientras bailaba el diablo, respiró en la distancia su fragancia, acallándose dentro de él la música y su picardía. Sólo oyó su risa, y deseó que le mirara. Pero en este juego la dama era fuerte y sintiendo que ganaba, y a pesar del deseo por ser ella la que danzara, en su máxima provocación de estrenada mujer, le dio la espalda. Más el baile que cada vez se tornaba más frenético, girando y girando.

Cuando el ser del inframundo se encontró próximo a la dama de nevada piel soltó a su pareja y en una última vuelta se frenó en seco justo a unos escasos centímetros de la luna quedando frente a frente. La miró y en respuesta al desafió que calladamente le había lanzado, la aferró por la cintura y mano reiniciando nuevamente las cadenciosas rotaciones. En cada molinete unas marcas de pezuñas incandescentes, en cada rodeo un halo de polvo de estrellas.

Pese a su resistencia orgullosa, el aliento de él sobre su cuello y sus ojos preguntándola quién eres, acabaron derrotándola con la última nota de aquella danza alocada.

En aquel silencio, sólo sus respiraciones, ya acompasadas.

Comenzaba la verdadera música y la fuerza de él se convirtió en una caricia, simplemente cálida, a la que ella se entrego, cediendo en su frialdad. Era su baile, y por un momento hasta el diablo renunció a su papel en la entrega del simplemente sentir.

Al ritmo de esa melodía creada sólo para ellos, disfrutaron lo que ya intuían con un beso lejos del recatamiento que procedía. Pero ya nada importaba porque todo a su alrededor había desaparecido, y por fin se habían encontrado, despertando el apetito de un tiempo que comenzó en la creación de sus vidas.

Sus lenguas entrelazadas pronunciaron en un gemido sus nombres, y entonces sus almas se encontraron en el deseo, y el anhelo de desnudarse, dejando caer los antifaces.

El diablo, entregado, acaricio el rostro de la dama y la luna el del caballero, y al intentar desprender las máscaras, en ese último baile, el rey sol anunció su llegada, y la música se convirtió en despedida, y en el adiós, su separación con el día.


4 comentarios:

Silvia dijo...

Basado en... el cuento de Poe, el baile de máscaras que tanto te gusta... jajaja, pues os quedó muy, muy bonito...
Y el dibujo...¿tuyo no? que no está firmadooooo, fírmalo diablo...

Besicos grandes.

Arwen dijo...

Vengo del blog de ana y te digo lo mismo, bellisimo el baile de las mascaras, tan misterioso y sensual, aplausos para los dos, besitossss

ana dijo...

¿Te he dicho alguna vez lo mucho que me gusta escribir contigo?

Como siempre, un placer mi querido Diabloooooooooo.

Alex dijo...

Como siempre enhorabuena a ambos. El 2º video me ha encantado.