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jueves, 14 de mayo de 2009

LAS SENSACIONES RECUPERADAS


Rescatado. Es esa ocasión quise hacer un cuento digamos que a la manera tradicional. Princesa o dama cautiva de un ogro, dragón, duende o cualquier otro tipo de ser MALUTO!!!...Por lo general en los clásicos esta doncella vive esclavizada a la espera de que llegue un "príncipe azul" que la rescate de su celda...PERO QUE COÑO!!!!... Acaso no se podría valer por ella misma???... Yo considero que sí. Así que la protagonista, que es una chica fuerte y lista, se las apaña ella solita... Pero mejor que lo leáis....
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El habitáculo estaba oscuro, húmedo y vacío de cualquier ornamento. Hacía tanto tiempo que vivía allí, que ni siquiera recordaba lo que era una habitación normal. Su único modo de aislarse un poco del frío de las paredes era el permanecer en el centro del recinto, sentada en el suelo con los brazos rodeando sus piernas. De vez en cuando el ogro abría levemente la puerta y le acercaba un plato de comida seguido de un gruñido que él interpretaba como un modo de comunicación. La dama cogía el plato y comía, porque el hambre era poderosa. Al igual que le había pasado con el cuarto, su concepto de alimento era algo casi perdido en la noche de los tiempos. Pero soñaba.

Soñaba con otros lugares, con la hierba húmeda, con el sol en el rostro, con los ríos corriendo a través de la campiña, con noches “llenas” y estrelladas. En esos sueños, a veces, aparecía un hada, hermosa, radiante, cálida. Ella le decía con voz aterciopelada, suave…“lo que te alimenta, te destruye…”. Una y otra vez. Pero la linda chica seguía en su “normalidad”. ¡Hacía tanto tiempo que se encontraba bajo la tutela del ogro!.

Enfermaba. Su estomago no estaba habituado al alimento que le proporcionaba el siniestro ser, y es que los humanos no están acostumbrados a digerir la carroña. Lo que es nutritivo y sano para algunas especies, para otras no lo es. La comida le producía fiebres, náuseas, vómitos y debilidad. Pero en uno de esos momentos en los que dormía, sin saber ya si era día o noche, pues ese concepto ya lo había perdido también como tantos otros, el hada volvió a aparecerse. En esta ocasión la frase fue distinta…”lo que no te mata, te hace más fuerte”. Durante un tiempo la niña se repitió a cada instante lo oído en el sueño. “Lo que no te mata, te hace más fuerte”…

A partir de entonces, cada vez que su carcelero le traía las viandas, ella tan solo comía un poco, escogiendo las piezas y partes a ingerir. Lo justo para no enfermar más, lo suficiente como para reponer energías. Poco a poco se fue sintiendo más capacitada hasta que un día, justo en el momento que el ser traía su sustento, reunió las fuerzas suficientes y le asestó un portazo. El ogro se desplomó en el suelo aturdido, como un torreón, estrepitosamente. La niña salto por encima y huyó tan deprisa como jamás lo había hecho. Se encontraba aturdida, mareada, desorientada. Pero encontró la salida. Abrió la puerta y los rayos del astro rey cegaron su mirada por lo que la doncella cubrió sus ojos con ambas manos. Tan solo un instante, inmóvil… la hierba húmeda, con el sol calentando su rostro, los ríos corriendo a través de la campiña, con noches “llenas” y estrelladas...las sensaciones recuperadas…