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lunes, 18 de mayo de 2009

QUINTO CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA: ASRADI

CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA
Cuentan que una noche, la luna en todo su apogeo viajo hasta las tierras cubiertas de hielo, llenándolo todo de una luz cegadora, y que de uno de sus destellos nació la más hermosa de las Asradi cuyo nombre fue Rekoa.

Igual que las demás, su piel y cabellos contenía la blancura de la luna y la frialdad del hielo: Sin embargo sus ojos encerraban la oscuridad de la noche y el deseo de poder contemplar el día.

Pero las Asradi no podían exponerse a la luz del sol, hacerlo, implicaba su muerte, y en eso Rekoa no era diferente a ellas, aunque en su interior luchaba por serlo.

No quería concebir su vida encerrada en ese mundo de oscuridad con la única luz de la luna y decidió rebelarse, contra ella, contra la luna, resolviendo que cada noche se adentraría un poco más en la tierra desconocida siguiendo el curso del gran río helado. Así para sobrevivir a la luz del sol, hasta encontrar su destino, unicamente tendría que sumergirse en el fondo de sus aguas.

Y así lo hizo abandonando a sus hermanas, y renegando de su madre, que cada noche la lloraba.

Durante su trayecto por el río, tan solo abandonaba su acuática senda en las noches de plenilunio para que la luz de la luna plateara sus cabellos.

Madre Luna no podía dejar de pensar en su hija. Fue por esta razón por la que decidió parlamentar con Tonathiu “El que regala la luz” para intentar llegar a un acuerdo con él. Tras las negociaciones pactaron que en esas latitudes, al norte del mundo, las noches alargarían su duración durante el plazo de un cíclo. La dama plateada consideró que sería un buen trato ya que durante ese tiempo Rekoa podía desistir en su aventura y regresar a su hogar.

Rekoa continuó su viaje. Al darse cuenta de que el sol llevaba mucho tiempo sin lucir, lejos de darse por vencida aumentó su anhelo y aprovechó para acelerar su marcha hacia la región de Qland. En esa zona, justo en el centro, se encontraba el gran volcán por donde la gran esfera de fuego salía anunciando la mañana. La Asradi caminaba en la oscuridad viendo como danzaba la aurora boreal mientras le señalaba el camino a seguir.

Vivió con ansias su viaje, esperanzada en la idea de que todo le conduciría a otra vida en la que podría ser ella. Incluso cuando empezó a atravesar aquellas tierras de arena caliente, y el agua de su río cada vez estaba menos gélida, no perdió su anhelo.

Cerca estaba de agotarse ella y el tiempo de la aurora boreal, cuando por fin llegó a pies del volcan y sintió que le faltaba el aire para respirar.

Una vez más se sumergió en el agua tratando de enfriar su cuerpo, y al salir se encontró cara a cara con Tonathiu, envuelto en una gran capa negra.

Éste, al verla se estremeció pues nunca antes se había encontrado con un ser de la noche con tanta fuerza en su interior, y sintió como comenzaba a debilitarse, perdiéndose en la profundidad de sus ojos, y haciendo tambalear el pacto que había hecho con la luna.

_¿Eres tú quien me puede ayudar?

Tonathiu volvió a mirar fijamente a la Asradi. Él era consciente de la fuerza y de la valentía que había demostrado Rekoa durante su odisea siguiendo un sueño. Sin embargo no podía hacer posible el deseo de la reina del hielo sin que su vida terminase en ese mismo instante. Y así temía que iba a ser ya que estaba a punto de cumplirse el plazo establecido.

El suelo comenzó a moverse y por el cráter del volcán surgió un ruido ensordecedor. Nada se podía hacer…no había tiempo para el retroceso. El gigante, apiadado, intentó cubrir a la dama con su oscura capa para protegerla de los primeros rayos que empezaban a fluir como si fuera una erupción y con una energía inusitada tras tantos días de haber permanecido encerrado. Fue en vano. Según ascendía la esfera incandescente el cuerpo de la Asradí se transformaba en vapor. Por unos segundos consiguió ver amanecer y la luz del día pero se convirtió en nubes que plagaron el cielo. “El dador de luz” vio como ascendía de esta manera y mientras el sol se elevaba también lentamente, en lo más alto del cielo apareció una estrella que anunciaba la mañana…el lucero del alba. Esa fue el primero de todos los amaneceres en el que estuvo presente.

Por las noches brillaba cercana a su madre la Luna y la pusieron el nombre de “estrella del norte” para que guiara a todos los caminantes en la oscuridad.