
Más allá de un tiempo lejano, la noche decidió, por fin, cumplir el deseo de la luna. Y, rompiendo todas las leyes y principios de los sueños, le concedió ser mujer durante unas horas.
Como no podía ser de otra forma, la luna ,en el cumplimiento del hechizo, se convirtió en la dama blanca más hermosa que camino sobre la tierra esa noche. Y lo hizo descalza por un bosque, sintiendo la frescura de la hierba bajo sus pies y llenándose con los aromas dulces del ave del paraíso, y con el murmullo de la brisa nocturna sobre su piel.
Y casi flotando por la felicidad que sentía, siguió la brisa hasta llegar a la orilla de un río donde quiso contemplar su reflejo. Pero al mirarse sólo vio a la luna.
Más allá de ese tiempo lejano, el amor decidió por fin cumplir también el sueño del deseo. Y, rompiendo todas las leyes y principios de los sentimientos, le concedió ser un hombre pero también sólo por unas horas.
Como tampoco podía ser de otra forma, el deseo, en el cumplimiento del hechizo, se convirtió en el caballero más hermoso que caminó sobre la tierra, esa noche sin luna. Y lo hizo descalzo, por el mismo bosque, sintiendo el calor de la tierra bajo sus pies y llenándose con el aroma de las estrellas y con el palpito de un corazón que no era el suyo.
Y, atrapado en ese ritmo, decidió seguirlo, feliz, pues él nunca había sentido. Y lo siguió hasta llegar a la orilla de un rio donde se encontró con una dama a la orilla de un río, iluminada por un fuerte reflejo que procedía de las aguas.
Y el deseo se quedó embelesado ante el brillo que irradiaban los albos cabellos de la doncella. Seguramente le llamaron la atención, no solo por su brillo, si no también por el contraste con su larga melena del color del fuego…esos cabellos que eran levemente agitados por la brisa, con lo que acentuaba aun más su aspecto flamígero.
Se acercó a la dama que se encontraba perpleja e hipnotizada mirando al agua. Y mientras ella continuaba paralizada, él fijó su mirada en el delicado rostro de la luna…en sus ojos oscuros como la oscura nocturnidad.
El amor, en el fondo, había sido “egoísta”. Y lo había sido porque en el cumplimiento del sueño del deseo, no había otro fin que el de ejecutar su labor…Y lo consiguió, porque el deseo, ante la visión de la luna, no pudo evitar el evidenciar su vigor de su fuego y sus cabellos se revolvieron como si un huracán luchara con ellos.
Se hizo la luz en el claro del bosque, ahí, acompañado de la desnuda luna, su cuerpo despidió un dorado brillo como tan solo el astro rey podía irradiar, y es que la esencia del deseo estaba en el fuego, en la luz y en el calor del Sol.
Fue entonces cuando la dama sintió como la brisa se llenaba de ese calor, un calor que nunca había sentido dentro y al despegar su mirada del reflejo de la luna, se encontró frente al deseo.
Ella, siempre fría en la noche, sólo había sentido el fuego en sus sueños, aquellos que la mantenían despierta en una eterna búsqueda que duraba hasta llegar el día.Y La noche que lo supo traicionó también a la luna, encerrando en su hechizo un engaño, el engaño de perderla y entregarla al caballero.
Y la dama al verlo, al contemplar el vigor y la fuerza de su adversario, al sentir su calor y su fuego concentro toda su fuerza para no tener miedo y comenzó su entrega.
Sus ojos oscuros se llenaron de brillo y fuego, y sin mediar palabras se fue acercando al caballero, y el caballero a la dama, y la luna al deseo, y el deseo a su blanca deseada. Y en ese encuentro de luz se fundieron en un beso.
Y mientras se besaban ella puso su mano sobre el pecho del caballero, y le regalo sus latidos, y él todo su aliento.
Pero he aquí que en el momento que ella le concedió los latidos, y él en compensación le regaló su aliento, se cumplió el plazo concedido a cada uno por la Noche y el Amor.
Ella regresó a su lugar en el firmamento y él, en una última escaramuza, poseyó el espíritu del Sol. De esta manera el uno busca a la otra, y la otra al uno, y cíclicamente se encuentran.
En los eclipses de luna ella, juguetona, se esconde tras la tierra. En los eclipses de sol él la abraza y luce su corona con mayor intensidad que nunca.
